viernes, 27 de septiembre de 2013

Parque Nacional de Guadarrama: se hizo la luz en las cumbres pero… ¿se apagará en los valles?

 
El pasado miércoles 25 de setiembre el Organismo Autónomo Parques Nacionales (OAPN) invitó a APIA (Asociación de Periodistas de Información Ambiental) a conocer el corazón del recién creado Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. Como soy miembro de APIA, tuve la oportunidad de pasar un espléndido día con compañeros de la asociación y con varios técnicos del OAPN, la Junta de Castilla y León y la Comunidad de Madrid.
 Tuvimos la suerte de escuchar las opiniones y explicación de Eduardo Martínez de Pisón, Catedrático Emérito de Geografía Física de la Universidad de Madrid, y de aclarar algunas dudas, gracias a los técnicos encargados de la gestión del Parque Nacional.

 Precisamente la gestión del Parque Nacional es unas de esas cuestiones que suscitaban dudas. Resumo cómo se va a gestionar: la Junta de Castilla y León y la Comunidad de Madrid se turnarán en la gestión del Parque. Ambas han nombrado a un responsable para gestionar los asuntos que recaigan en el territorio de las respectivas comunidades, los cuales se alternarán en la dirección del conjunto del espacio natural.

 ¿Y qué pinta la Administración Central en el Parque? Aunque la gestión de los parques nacionales corresponde a las comunidades autónomas, éstas deben atenerse  a una serie de requisitos relativos al mantenimiento de las características del territorio y a determinados usos que están prohibidos. Estos requisitos están determinados por la Ley de la Red de Parques Nacionales promulgada en 2007, que estará vigente por poco tiempo, ya que el Gobierno está preparando otra que la sustituirá. Además, la Administración Central tiene encomendadas labores de seguimiento, evaluación, promoción del desarrollo sostenible, investigación, etc.  La Administración Central y las dos comunidades participan en la comisión de coordinación que se ha creado. Los actuales instrumentos de gestión diseñados por Castilla y León y Madrid estarán vigentes hasta que se apruebe el Plan Rector de Uso y Gestión del Parque Nacional.

Gracias a las explicaciones de los técnicos recibimos buenas y malas noticias. Entre las buenas destacaron que, actualmente, la  vegetación de la Sierra de Guadarrama está en mejor estado que la que había cuando surgieron las primeras voces reclamando la declaración del Parque Nacional, allá por los años veinte y treinta del siglo pasado. Especial relevancia tiene la recuperación de la laguna Grande y de su entorno, tras la restricción de acceso a la laguna y el desmantelamiento de la estación de esquí de Cotos. Un indicador de la calidad del agua de la laguna es la turbidez. A principios de los noventa se perdía de vista el disco de Secchi a los 30 cm de profundidad, mientras que hoy día el mínimo de profundidad de visión es de dos metros.

Las malas están relacionadas con el clima: un incremento clarísimo de la temperatura media de 1,8ºC desde principios de los ochenta; es un aumento muy intenso, que ha ocurrido en muy poco tiempo. Además, se observa también una disminución de la precipitación, si bien no es tan contundente como el aumento de la temperatura.

 Para terminar esta crónica, no puedo dejar de aludir a la omnipresente pregunta: ¿para qué sirve este Parque Nacional, si protege zonas que ya estaban protegidas? Los entusiastas del Parque Nacional lo consideran un gran logro porque permite alejar definitivamente a estas zonas del modelo basado en el ladrillo y en el esquí. Además argumentan que habrá más fondos para la conservación e investigación, ya que a los presupuestos de Madrid y Castilla y León se añadirán los de la Administración Central; a ello se suma  el mayor control al que están sometidos los parques nacionales, pues un parque nacional puede llegar incluso a ser excluido de la Red de Parques si no cumple con los requisitos que le hacen acreedor de tal distinción. También afirman que, tarde o temprano, el Parque se ampliará.

 En mi opinión no hay razones para denostar el Parque Nacional, ya que, indudablemente, habrá ventajas, especialmente en cuanto a la financiación y a un régimen de protección más estable y definido para ambas vertientes, la madrileña y la segoviana. Pero tampoco hay que perder de vista el precio pagado para conseguirlo. Tras analizar el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales (PORN) elaborado por la Comunidad de Madrid, en el cual encaja el Parque Nacional, participo de la opinión de quienes creen que la protección de las cumbres ha hecho más fácil “colar” una mayor desprotección para el piedemonte serrano, tan rico en biodiversidad como los territorios declarados Parque Nacional. Pero es en ese piedemonte donde se acumulan las expectativas urbanísticas que… no, no han desparecido, porque la cultura del pelotazo urbanístico está sólidamente intrincada en el alma de bastantes personajes con poder político y económico. Por eso mismo, puedo imaginar que algún día el Parque Nacional abarque el Pinar de los Belgas o termine de integrar los pinares de Valsaín; pero no que abrigue también a otras zonas valiosas de, por ejemplo, el Valle del Lozoya.

 En definitiva, el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama es el lado bonito de un plan no tan bonito: el de Ordenación de los Recursos Naturales aprobado por el gobierno de Esperanza Aguirre, que abarca una buena parte del territorio más verde de la Comunidad de Madrid. 

Miguel Á. Ortega. Director de Asociación Reforesta

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